jueves, 12 de mayo de 2016

Cartel


Cartel de mi exposición de cuadros en la sala 8 y Medio de Alicante, el pasado mes de febrero-marzo.

viernes, 30 de octubre de 2015

Pintar la mona: un nuevo proyecto de vida

Este año 2015 pasará a la historia de mi vida (lo tendré que apuntar en una libretica) como el año en el que me hice pintor. Sí, pintor de cuadros, y mi proyecto en estos momentos es poder vivir de la pintura. Desde niño dibujaba todo el rato, aunque de más mayor nunca fui muy constante en ningún tipo de actividad artística. Me gustaban los tebeos y esas cosas, ya saben. Ahora sin embargo todo parece ser absolutamente nuevo porque retomo una vieja afición pero con un enfoque distinto, pues uno ya está hecho un viejo y la vida es otra cosa, como es lógico.

A mí en su día me hubiera gustado sacarme unas pelas dibujando alguna historieta o tiras cómicas, pero no siempre tenía ideas lo suficientemente brillantes para plasmar en el papel, y me fui desmotivando. Mandaba dibujos a algún fanzine, cuando había cientos de fanzines punkis que, como bien saben, se hacían recortando y pegando, y no como ahora que llaman fanzine a una revista de cómics editada en papel de calidad que te cuesta una pasta por cuatro putas páginas. En el TMEO me publicaron alguna tirilla, también en la revista Discobarsa (que la hacían los organizadores de la Feria del Coleccionismo Discográfico), y poco más.

Está claro que yo era muy parado en mi juventud, de la adolescencia mejor ni hablemos pues considero esa etapa absolutamente desechable. Era un niñato sin valor para salir de aquél ambiente y acercarme a personas con afinidades similares. En mi ciudad no parecía haber salida para estas cosas del arte o simplemente es que yo estaba en otra onda y me interesaba por otra cosas. Algo típico para algunos de nosotros era aficionarse a tocar  la guitarra durante un tiempo hasta que te cansabas y lo dejabas porque seguir hubiera sido, para los esquemas del borregueo local, cosa de pijos o vagos que no quieren trabajar. Y la verdad es que yo veía las cosas blanco o negro, como casi todos los de mi edad, lo que pasa es que siempre me inclinaba hacia lo menos práctico.

Así que se va por el wc toda esta basura del pasado adolescente y post que en mi caso fue de lo menos provechoso y volvemos al presente que desde luego es mejor. Y como soy un pureta puedo proclamarme, como me proclamo, pintor a mucha honra, artista plástico, ¡pintamonas incluso!.

Al volver a pintar, esta vez más en serio que nunca, me doy cuenta, como les decía, de que casi todo es nuevo para mí, y que pensar en vivir de la pintura implica saber ciertas cosas que jamás antes se me habían pasado por la cabeza: los pasos que se han de seguir para darte a conocer, vender tus obras y demás. En definitiva; hacerte un hueco en el extraño mundo del arte, un mundo que por un lado mola pero por el otro ves que está lleno de morralla, que es lo que pasa con casi todo.

Mi objetivo es dar el giro, pasar a profesionalizarme en un terreno quebradizo como pocos, pero tengo que saber cómo, ya que como les digo, no he tenido trayectoria destacable que me sostenga.

Mucha gente está dispuesta a dar la batalla dentro de este sistema absurdo para hacerse oir y ocupar un lugar destacado, hacer currículum siguiendo los dictados y exigencias del mercado. Para bien o para mal, no es mi caso ni malditas las ganas, y reconozco que escapar a ciertas normas es arriesgado. Uno no sabe si acabará pasando por el aro o tendrá que conformarse con ser en vulgar pintaplayas que vende acuarelas aburridas en cualquier paseo marítimo del Levante, lo cual es tan digno o más que calentar un sillón en una oficina durante más de ocho horas diarias haciendo cosas inútiles que mañana o pasado se habrán olvidado por completo.

Así que estos días leo artículos sobre cómo y dónde exponer, y hay varias de esas páginas web de arte que te dicen que puedes mostrar tus cuadros gratis a través de ellas pero que luego no los ve ni Blas si no pagas la cuota de turno. Son webs que acaban decepcionando por su inutilidad. Por no comentar otros aspectos, donde lo flipas con los precios que algunos ponen a sus cuadros, todo como muy arbitrario y porque sí. Tampoco faltan los numerosos consejos y advertencias de todo tipo sobre lo que has de hacer y dejar de hacer para encarrilar tu carrera de artistazo, declarar a Hacienda como dios manda y convertirte definitivamente en empresario. En fin, cosas que me dan una pereza del copón (y qué me dicen de la figura del "marchante de arte", que de vez en cuando aparece sombríamente).  Lo curioso es que luego hablas con gente que pinta y dibuja y te dicen cosas diferentes de lo que lees en webs supuestamente especializadas. Hay mucha gente que ha estudiado Bellas Artes a los que les han reglamentado el cerebro de tal manera que no te puedes fiar de ellos. Y mucho especialista vendemotos, para variar. Paso de todos, porque a estas alturas de la vida de sobra he comprobado que no hay teoría ni consejo que valga una mierda frente a lo espontáneo y lo puro, si aún queda algo de eso dentro de ti. Ya pasé media vida pensando que estaba rodeado de personas inteligentísimas que eran un constante ejemplo por su afán y aparente seguridad, para más tarde comprobar con decepción que en realidad no tenían ni puta idea de nada y eran tan pringaos o más que yo.

Así que ahí ando, tomando nota sobre esto y aquello, y por supuesto descubriendo a un montón de grandes creadores de la historia y su obras que por desgracia había ignorado hasta ahora. A mi bola, porque como casi siempre pasa en la vida... uno aprende y se enriquece más investigando por su cuenta y porque realmente le interesa, no porque se lo traten de meter en la cabeza unos señores y señoras en el colegio o instituto.

Pues eso, que yo lo que quiero es pintar y no quiero complicarme mucho ni meterme en detalles metafísicos en los que el arte deriva de manera casi inevitable. Yo no sé de arte, ni he recibido nunca formación alguna sobre el tema. Ni tan siquiera antes había pensado en exponer  mis cuadros o dibujos en salas o garitos, pero hice mi primera exposición este pasado verano en Gijón, con motivo del festival Euro Ye Yé. Y por lo visto esa es la línea que hay que seguir sin remedio; rular de aquí para allá con tus cuadros bajo el brazo y si alguien te compra uno pues de puta madre. Incluso poner precios a los cuadros es algo que no había pensado nunca. Cuánta confusión y prejuicio tiene uno con eso de la venta del llamado arte. Cuando uno no tiene ni puñetera idea se deja llevar por cosas que oye de aquí y de allá, sobre reputados artistas, obras históricas, y frikadas como las grandes subastas en las que se compran obras por millones de dólares sin que la gente de este mundo a ras del suelo sepamos por qué puede costar tanto un cuadro que no tiene más que dos manchas de color pintadas. Porque a mí no importa gran cosa si su autor se suicidó o expuso en tal evento histórico-mítico o si la obra perteneció a un conde, duque o a tal ricacho coleccionista.

Eso es precisamente lo que me jode de este asunto; el Arte con "a" mayúscula, joder ¡qué respeto me impone!, ¡qué cosa más grande!, ¡que ni el viento sople a esa gran palabrota que es Arte! que es casi como hablar de dios (yo a dios tampoco le pongo una puta "d" mayúscula).

Así que total; uno acaba huyendo del calificativo de artista como de la mierda, porque malditas las ganas de que le identifiquen con un infraser que expone cagadas en el suelo, o cuadros de dos brochazos en los que no hay nada que ver y que tanto el ciudadano corrientucho como el estirado soplanucas que se las da de intelectual, creen que para valorarlo hay que "entenderlo", así que tienes que estudiar una carrera o mil chorradas más porque si no vas a parecer un inculto porque se les pone a ellos en la punta del nardo.

En fin, me voy por las ramas y ya no sé ni de qué hablaba. Quiero pintar y dejarme de teorías, olvidar el Arte. A mí tan solo me gustaría poder vender algunos cuadros a precios más o menos razonables que me permitan poder comprar alimentos para subsistir en el día a día y material para seguir pintando mis personajes bizarros, y poca hostia más.

Lo que piensen los demás del arte y los artistas me importa muy poco: las grandes ambiciones, los grandes reconocimientos, los mitos y leyendas que quedan muy bien en los libros de historia pero que evidentemente nada tienen que ver con la realidad, y menos aún con la mía.

Ya veremos cómo va todo. Tómenlo como quieran y disfruten.

lunes, 13 de julio de 2015

Aguarrás puro

Cuando yo tenía unos diez años, mi madre quiso apuntarme a algún centro o academia de dibujo, ya que desde muy pequeño mi vocación era clarísima, y los nenes del cole me pedían que les hiciera dibujos y todos en casa decían que yo sería el artista de la familia.

Así que me apuntó a un taller-estudio que había enfrente del colegio de Santa Teresa (algo más abajo y haciendo esquina). No sé cómo mi madre se había enterado de la existencia de ese local, si allí se pintaba o se hacía algo relacionado con nada artístico, ya que no había un solo rótulo o cartel en la entrada que así lo indicara, la pista más clara era que a pocos metros de este lugar ya se podía apreciar el olor del aguarrás que salía por sus ventanas.

A mí lo que me interesaba eran los tebeos, los chistes, las viñetas, copiaba los muñecos típicos de Forges, del que por cierto no entendía ni la mitad pero me encantaba ver los anuncios en televisión de Historia de aquí, esos coleccionables en color maravillosos, y lo que hubiera en tal o cual publicación del gran dibujante. Así que con un cuaderno lleno de mis dibujillos e imitaciones de Forges, como muestra de lo talentoso que yo era, me llevó mi madre al lugar aquél que resultaba hasta misterioso, siempre con la puerta cerrada, que no dejaba ver nada de su interior.

Lo primero que pinté fue un payaso en una madera gorda y negra, y depués tres o cuatro paisajes. Siempre la misma metodología; tenías que elegir un modelo de entre un montón de fotografías de cuadros de paisajes y rollos así que tenían allí, dibujar una cuadrícula para encuadrar el tema y tras el dibujo previo, se pintaba una delgada capa de óleo para rellenar y cuando ésta estuviera seca se aplicaba la segunda capa con detalles y pinceladas más gruesas.

Recuerdo que lo último que comencé a pintar era otro paisaje que supuestamente iba a ser para una de mis tías pero la cosa se torcía cada vez más y me estaba quedando fatal, así que lo que hice fue dejar allí el engendro de cuadro y no volví por allí jamás. No dije ni adiós.

Ahora lo recuerdo y me doy cuenta de que en ese sitio no te enseñaban a pintar ni a nada, que aquello era un puto engaño. Ni siquiera una base de dibujo, proporciones y todas esas cosas. Aparte de que, como he dicho, a mí la pintura no me interesaba una mierda, la monitora o lo que hostias fuera la pava que allí estaba dirigiendo el cotarro, dando indicaciones, no daba clases ni daba nada. Me imagino que si le hubiera preguntado cómo hacer esto o lo otro me lo hubiera indicado, pero vamos... no creo que pintar paisajitos fuera algo que me motivara lo suficiente para mostrar mis dudas y querer mejorar.

Recuerdo que dos de estos paisajes que pinté estuvieron enmarcados en el salón de casa. Ah, es verdad, también pinté una playa, su orilla, con un barquichuelo y alguna casa que se veía por ahí en un lateral.

Y esa fue mi primera incursión en la pintura al óleo. A lo bruto, porque pocas veces yo antes había usado un pincel, me imagino que solamente para pintar en el cole con esa cosa que llaman acuarela que venía en algunos estuches escolares; esos infames circulitos de colores, que es una especie de polvillo para mezclar con agua que no sé para qué hostias sirve más que para quitarle las ganas de pintar a los chavales, pero bueno.

Eso sí, reconozco que por lo menos en ese local, estudio, centro, o lo que fuera, no te comían la cabeza con diferentes productos tipo aceite de linaza, esencia de trementina, barnices ni chorradas varias como ahora. Allí se usaba aguarrás puro y punto, para limpiar los pinceles y ya está, no me comas la cabeza, joder. Ni recuerdo la calidad del mismo óleo que estuve usando durante esa temporada ni parecía importar gran cosa. Bastante pasta era ya la mensualidad, que luego encima no te daban ni un puñetero lienzo.

Por otra parte he de decir que todo parecía ser más sencillo entonces, porque ahora, si quieres aprender algo o iniciarte en esto de pintar puedes flipar con tanta tontería como hay. Te ves un tutorial de youtube sobre cómo pintar al óleo, materiales y todo y a mí se me quitan las ganas de tan complejo que parece, y si para rematar la cosa consultas foros de gente que pinta y demás seudoartistas, apaga y vámonos, porque hay cada pijotero vendemotos y cometarros, que para qué contarte. Que si tal marca, que si tal gama es para aficionados y tal otra es para superprofesionales, que si le aplicas al óleo un medio que no sé qué cojones hace, pero has de aplicarle un secativo que nosequé... No me jodas, yo solo quiero pintar. Mucha estupidez y ganas de hacerte gastar dinero.

El caso es que treinta años después, pasé un día por al lado de aquel local y voví a percibir ese olor a aguarrás, como antiguamente... y me quedé tan sorprendido que al final no sé si fue real o cosa de mi imaginación.

Veinte años después de mi primer contacto pictórico, me dio por comprar los materiales básicos y pintar nuevamente, esta vez a mi bola y pasando de copiar paisajes y movidas de esas, a lo bruto, teniendo la misma poca idea que en aquella época, para qué te voy a engañar.

Este es el primero que pinté de aquella pequeña racha revivalista.

Habitación del artista - óleo sobre lienzo